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Historia del I Ching

Tres mil años de transmisión, comentario e influencia — uno de los textos vivos más antiguos de la humanidad.

Orígenes míticos — Fu Xi

La tradición atribuye el descubrimiento de los ocho trigramas al emperador legendario Fu Xi, hacia el tercer milenio a.C. Habría observado las marcas en el caparazón de una tortuga emergida del río Luo.

Origen mítico que expresa lo que el I Ching pretende ser: no una invención arbitraria, sino una lectura de estructuras ya inscritas en la naturaleza.

El rey Wen

El autor histórico es el rey Wen (siglo XI a.C.), fundador de la dinastía Zhou. Encarcelado en Youli, habría organizado los 64 hexagramas y compuesto los "juicios".

Su hijo, el duque de Zhou, añadió un texto para cada uno de los seis trazos de cada hexagrama.

Confucio y las Diez Alas

Cinco siglos después, Confucio (551–479 a.C.) habría dedicado su vejez al I Ching. La tradición le atribuye las Diez Alas, comentarios filosóficos.

La atribución es hoy discutida, pero el gesto permanece: hacer del I Ching un texto de sabiduría, no un simple manual divinatorio.

Difusión en Occidente

El I Ching llega a Europa en el siglo XVII por los jesuitas. Leibniz reconoce en él su sistema binario.

La traducción de Richard Wilhelm (1923) lo convierte en clásico occidental. Carl Gustav Jung lo introduce con su concepto de sincronicidad.